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lunes, 16 de agosto de 2010

El Club de las Fotografías Literarias XIV

Blanco y negro

Los detalles se perdieron hace tiempo, esos detalles que habrían dado sentido a cada escena. La última vez que te dije que te quería. La última vez que me guiñaste el ojo. La última vez que te sonreí, el último beso apasionado que nos dimos.

Y es que hubo una última vez, hubo muchas últimas veces, y cada una de ellas me debió de dejar un poso amargo al fondo de alguno de mis huecos más profundos, porque se me han quedado en la superficie ahora que mi vida se ha dado la vuelta.


Y ahora, fíjate a qué alturas, todos esos posos se me derraman formando lágrimas, las que no lloré hace tantos años. Las que enterré como pude con intención de olvidarlas. Evaporándose, dejan sus marcas blanquecinas, como ceniza del pasado. Y yo voy detrás, intentando quitarlas, intentando que ese hueco se vacíe, pero es más grande de lo que creía, todavía es más grande de lo que puedo abarcar con mis recuerdos. Sólo sé que al final me perdí, y por ello te perdí a ti.


Pero no puedes hacer nada. Entiéndeme, tengo que poder perdonarme a mí misma. Tengo que hallar la forma de perdonarme por haber vuelto a buscarte al mismo sitio y no haberte encontrado, por no haber podido darte ninguna razón -quizá es que no la había- por que la que hubieras querido dejarla por mí.


vía de tren
agua derramada
chica

miércoles, 23 de junio de 2010

El Club de las Fotografías Literarias XIII


Cada vez que cierro los ojos, cada vez que me olvido de olvidarlo. Cada vez que miro el calendario de soslayo, ahí está. Quieto, inmóvil, esperando.




El día que hará un siglo que comenzó la pesadilla. El día en el que se congeló el tiempo en mi Moleskine. El día que temí que se repitiera, una y otra vez.






El día que te conté la mentira más grande.
El día que sentí la soledad más terrible.
El día que mi mente y mi corazón entraron en coma.

cárcel
repetición
restos

miércoles, 5 de mayo de 2010

El Club de las Fotografías Literarias XII

El golpe fue brutal. En pleno corazón. Leyó otra vez en su monitor la frase que le había parado el pulso y pensó que se acababan de cumplir sus peores temores, los que se habían formado en su mente tiempo atrás y ella había ignorado embelesada por sus palabras. Él siguió ofreciendo explicaciones en forma de líneas que fueron apareciendo más abajo, sin ver ni quizá imaginar que ella permanecía inmóvil, paralizada por esas palabras, con la vista fija en la misma frase, sin poder ni siquiera respirar.

No puede ser, no puede ser, no puede ser, no, por favor, no, así no, así no...

La luz de la tarde era perfecta pero ella sólo era capaz de sentir el dolor con el que su cuerpo entero gritaba. Todo había sido para nada. Peor que eso, todo había sido un sueño tan frágil como una pompa de jabón que había estallado dejándola vacía de ilusión, arrasada. Todo se había desvanecido en el aire. Qué ilusa había sido. Qué ciego su corazón, bailando de alegría en el mero presente sin hacer caso a lo que su mente le venía advirtiendo en voz baja desde el principio: es muy difícil, sus palabras son sinceras, pero sus cadenas son pesadas, demasiado pesadas...


Y sintió cómo todas las caricias y besos que ya no le daría se le caían como pétalos de una flor que ya ha gastado la poca savia que le quedaba en su tallo cortado con el único fin de adornar de forma efímera un lugar que nunca había sido el suyo. Todos esos momentos que ya no viviría se evaporaron poco a poco como el agua de su jarrón, igual que el valor de las palabras que había atesorado y que tanto la habían acariciado por dentro, las que le habían devuelto su verdadero reflejo.


Sabes lo que tienes que hacer. Siempre lo sabes. Ahora tienes que volver a respirar, recuperarte y mirar hacia adelante. Pero esta vez, asegúrate de haberle matado antes de enterrarle. Mátale, o morirás tú.

chica
pompa
pétalos

miércoles, 21 de abril de 2010

El Club de las Fotografías Literarias XI

Words?





Beauty?









Innocence?








Religion?




beauty
innocence
religion


Does it make sense? Wake up!

miércoles, 14 de abril de 2010

El Club de las Fotografías Literarias X


Hoy me he despertado de golpe mientras soñaba que estabas tumbado a mi lado y me susurrabas te quiero, te quiero, te quiero, te quiero... una y otra vez, mientras me acariciabas con suavidad el pelo y me mirabas como si toda la belleza del Universo estuviera ante tus ojos.

Hoy me he despertado de golpe mientras recordaba el sonido de tus últimos pasos al salir de nuestra casa cerrando la puerta sin mucho cuidado. El silencio que lo invade todo, el aire vacío entre las paredes que se niega ser respirado, el tiempo que se para en una posición irreal. Todo ha vuelto a mi mente de forma inmisericorde.

Y todo empezó con una antigua mirada nueva, unas palabras reconocibles dentro de una botella en el mayor de los océanos, con una suave luz al amanecer.

Y todo acabó con una nueva mirada irreconocible, con unas palabras envenenadas, con la mayor de las mentiras. Todo se quedó en nada, como la fría ceniza, como una flor marchita.


Ahora miro al futuro que se convertirá en pasado pero que no se repetirá, porque ya nunca seremos extraños, porque somos conscientes de lo que vemos cuando nos miramos. Porque somos tú y yo.

Ahora miro al futuro que se convertirá en pasado pero que no se repetirá, porque ahora somos como extraños, porque nunca más veremos igual lo que la realidad y el tiempo ha cambiado de perspectiva. Porque ya no somos. Ahora eres tú y soy yo. Nada más.

sábado, 10 de abril de 2010

El Club de las Fotografías Literarias IX


El tren de mi sueño partió sin mí. En el fondo sabía que lo había perdido, y aún así entré en la estación con la última esperanza latiéndome en el corazón. Fue inútil. Contemple las vías vacías mientras recuperaba el aire que el dolor me había robado y pensé que allí no me quedaba nada por hacer, así que me fui sin mirar atrás.




Un millón de años después, mientras caminaba hacia ninguna parte, ví a mi sueño sentado en un banco del parque. Me costó reconocerlo al principio, sus colores... no, no eran los mismos, pero sí sus palabras. Palabras que se desangraron en pequeños haikus lenta y minuciosamente, entregados de forma ordenada pero ardiendo de fiebre en cada sílaba, palabras que se tejieron en una suave manta con la que envolví las imágenes que me inventé con exacta apariencia y puntual lógica, igual que los sueños más descabellados.


Y tienes toda la razón, querido amigo. No hay sueño que escape sin que se lleve algo tuyo. Yo lo sé bien. Así que te haré caso y soñaré y dibujaré sobre el manto de estrellas, y quizá éstas me expliquen que las palabras que no acepto son las que no me duelen, las que no conservan el calor de mi aliento al ser pronunciadas, las que no me llevan más allá de mi boca...



estación
banco
estrellas

Dedicado especialmente a @soliloquios, que nos sedujo con su Club de las Fotografías Literarias.

jueves, 8 de abril de 2010

El Club de las Fotografías Literarias VIII


no quiero dormir
quiero escribir los sueños
donde te alcanzo





si no te alcanzo
cada vez que te mire
podré soñarte






mientras te sueño
guardo para ti el Sol
entre mis manos


haiku 1
haiku 2
haiku 3

miércoles, 7 de abril de 2010

El Club de las Fotografías Literarias VII

Muy a mi pesar, este blog ya no es tan anónimo. De hecho, no lo fue desde el principio, gracias a la "gentileza" de alguien que, pretendiendo "ayudarme", me robó mis palabras y lo peor de todo, mis silencios. Precisamente porque esta persona habló a quien no debía sobre quién era La Orquídea, yo he tenido que callarme a lo largo de todas estas entradas en las que he ido contando y contándome a todos vosotros. Siempre he sentido que él me robó este lugar, y nunca entenderé porqué lo hizo.

Si no hubiera sido así, si este blog y la flor cuidadosamente escogida hubieran permanecido desligados de mi nombre y de mi vida, su contenido, sus colores habrían sido un poco diferentes. Mi querido náufrago me dijo hace poco que este es un blog tirando a rosa. Puede que sí, mi corazón ha manifestado su alegría, su temor o su dolor a lo largo de estas páginas, aunque sobre todo al principio no las teñí en exceso, teniendo en cuenta los ojos que las leían.

De lo que estoy segura es de que habría sido mucho más verde. Mi cuerpo se habría mostrado de forma mucho más evidente, igual que hace siempre que le apetece en el mundo real. Las miradas, los labios, las caricias, la piel y sus sensaciones habrían aparecido con frecuencia de no ser por esta dichosa falta de anonimato que ha traído aquí el pudor que ya no siento en persona.



Y mi mente... mi mente habría pintado las entradas de este blog de un azul más triste, para reflejar otra tristeza que también ha sido mía, otros ojos que se llenaron de ceniza y callaron. Y callo como si tuviera delante una puerta cerrada y estuviera esperando a que me invitaran a pasar.

Callo y espero, como he hecho siempre.


rosa
verde
azul

miércoles, 31 de marzo de 2010

El Club de las Fotografías Literarias VI

Esta vez tampoco has venido de frente a preguntármelo. Me has observado desde lejos, en silencio, a pesar de que estabas justo a mi lado y yo he tratado de explicártelo. Pero mis palabras y las tuyas no se entienden fácilmente entre sí. Siento que conforme pronuncio las mías me las retuerces y les das la vuelta para que yerren el tiro como si te estuvieran apuntando, como si fueran dardos afilados en lugar de vehículos para acercar mi corazón al tuyo. Siempre me ha costado muchísimo buscar las que pudieran contrarrestar el efecto que les das, y a pesar de ello la mayoría de las veces no lo he conseguido. En cambio, he dejado siempre que las tuyas me atraviesen sin protección, intentando cribar la parte de verdad que trajeran consigo, pero sin antídoto contra el veneno con el que las has cargado sistemáticamente. Y eso es lo que ha acabado conmigo. Ahora lo sé.

Ahora me toca desandar el camino que hice y volver a buscar el que debería haber recorrido hasta el auténtico centro de mí misma y no hacia el centro de gravedad de nuestra relación, que siempre estuvo dentro de ti, imitando el baile de la Tierra y la Luna. Pero no puedo culparte de eso; al fin y al cabo, yo misma acepté cada pequeña renuncia, cada "bueno, la próxima vez yo", cada elección de tu alternativa, en lugar de la mía. Yo lo hice, yo decidí, aunque de manera inconsciente y poquito a poco, la ruta que me trajo hasta aquí.


Llegados a este punto, no me olvido de que, de todo el camino, dos son los pasos más importantes: el primero, la decisión, y el último, la llegada al destino.

Y da vértigo, pero el salto no es mortal.





gatos que observan
camino
chica que salta con paraguas

viernes, 26 de marzo de 2010

El Club de las Fotografías Literarias V

Es asombrosa la forma en la que a veces conseguimos retorcer la realidad para que se adapte mansa y comprensivamente a lo que nuestra mente o corazón están dispuestos a negociar con el malestar que nos provoca ser responsables de nuestras propias acciones u omisiones. No hay nada como repetir muchas veces lo mismo para que nos acabe pareciendo verdad. No hay nada como reinterpretar y retocar los hechos para darles una explicación más conveniente de cara a los demás. Ya lo decía Valle-Inclán, nada es como es, sino como se recuerda. Y qué mejor que conservar los recuerdos una vez eliminadas las partes feas que no conjugan bien el verbo "admitir".

Sin embargo, la realidad es tozuda y se empeña en no darnos la razón. Todo, lo dicho y lo hecho, suele acabar sobre la mesa a la vista de todos. Bueno... a la vista de todos los que miran con sinceridad, que al fin y al cabo son los que cuentan de verdad.

Yo, mientras todo eso ocurre, miro hacia arriba, hacia cielo abierto. De vez en cuando compruebo fehacientemente que todo ese espacio hacia el que se ha expandido mi mente sigue ahí. Y mirando hacia arriba se me van cayendo palabras que aderezo con sal y un poco de pimienta esperando que resulten sabrosas a quien las pruebe.



Y a otra cosa, mariposa.










chica que se tapa los ojos
mirando hacia arriba
mariposa

every step that I take is another mistake to you...

jueves, 25 de marzo de 2010

El Club de las Fotografías Literarias IV

A veces tu voz me llega no por el aire, sino a través del hilo invisible que conecta nuestros móviles encendidos. Pero no hablamos mucho por teléfono, ni ahora ni entonces. Yo creo que es porque no me sale muy bien hablar contigo sin mirarte, sin ver tus ojos, los gestos haces con las manos. Me siento extraña haciéndolo, y creo que a ti tampoco te gusta mucho; por eso, si nos viera alguien desde fuera le parecería que siempre tenemos prisa por colgar. No, definitivamente el teléfono no es lo nuestro.

Lo nuestro siempre ha sido más de mirar, de miranos. Hemos sido capaces de ver en los ojos del otro miradas que han hablado más que un libro entero. También vemos de forma muy parecida las mismas cosas, y eso es raro por lo diferentes que son nuestros ojos, en color y en género.


Y es precisamente esa forma de mirar y ver las cosas igual la que más tranquilidad me da contigo. Ahora señalo la magia que veo en las cosas cotidianas y sé que sabes a qué me refiero. Sé qué efecto va a tener en ti, porque es precisamente el que tiene en mí. Puedo comentarlo en voz alta sin que nadie a mi alrededor me mire como si se me hubiera aflojado un tornillo. Puedo compartir esos pequeños secretos contigo, los que van más allá de las palabras. Podemos hablar con libertad sobre ellos, sabiendo que serán comprendidos.

Aunque, mejor, por teléfono no.

móvil
ojo
mariposa

jueves, 18 de marzo de 2010

El Club de las Fotografías Literarias III

Las palabras se convirtieron en pompas de jabón, y no tuvieron ninguna oportunidad. Las fuimos explotando una a una con un simple movimiento de la mano, casi con desgana. No quedó ni rastro. Bueno, excepto por esa pequeña gotita de agua con jabón que cae cuando una pompa estalla en el aire. Eso quedó únicamente, un montón de pequeñas gotitas que cayeron a la mesa donde estuvimos todas esas horas. Algunas se evaporaron y otras sirvieron para que tuviéramos algo que hacer, al irlas extendiendo delicadamente con el dedo todo el tiempo que estuvimos allí. Para tener una excusa para no mirarnos a los ojos. Igual que esas parejas que comen en silencio en el restaurante, fingiendo estar tan ocupados con sus cubiertos y sus ojos clavados en la comida.

¿Te he contado que he vuelto a sacar fotos? No, no te lo he contado. Ya casi no hablamos más que del recibo de la luz y de lo que falta en la nevera. La intendencia, ese sí que es un tema socorrido. Le da una pátina de normalidad al vacío de la soledad que compartimos. Al fin y al cabo, hay que hablar de ello. Sirve para que incluso la convivencia más raquítica funcione a niveles básicos. Además, ¿para qué te iba a contar que he vuelto a sacar fotos? Ibas a fingir que te interesaba, olvidándolo un segundo más tarde. Y yo iba a fingir algo de entusiasmo al decírtelo. Fingir se ha convertido en una rutina. Forma parte del decorado en el que hemos convertido nuestra vida en común, hasta tal punto que he olvidado cuándo comenzamos a hacerlo, qué fue la última cosa en la que fuimos sinceros.

Lo que te decía... bueno, lo que te diría si aún te quisiera aunque fuera un poco, es que he ido a hacer algunas fotos a nuestro lugar especial, ¿lo recuerdas?. Ese lugar cerca del lago donde nos veíamos por la tarde, después de salir del trabajo. Donde charlábamos durante horas de las cosas más triviales, o donde nos desnudábamos el uno para el otro con palabras de una forma mucho más cruda e íntima que cuando lo hacíamos pero quitándonos la ropa en lugar de las barreras que tan bien nos fabricamos para proteger nuestros sentimientos de la intemperie de las miradas ajenas. Pero ¿qué ocurre si esos sentimientos desaparecen? ¿qué pasa si se vacía el centro pero la estructura permanece? Te lo diré... bueno, te lo diría si me importara algo, te diría que lo que queda es lo que tenemos. Una casa que no es un hogar, una vida plana, un continente sin contenido. Un montón de atrezzo que sirve para mantener el tiempo sin duración. Y aquí estamos, te miro, me miras, pero siempre procuramos que no sea al mismo tiempo, no vayamos a coincidir, nos miremos a los ojos y todo salte por los aires.

Pompas de jabón
Mi cámara de fotos
Nuestro lugar especial

martes, 9 de marzo de 2010

El Club de las Fotografías Literarias II

Sentada en el porche de su pequeña casa de las afueras, miró hacia el jardín de su vecino. Pensó en todo el tiempo que había pasado desde que él le dijo definitivamente adiós, mientras la miraba con una expresión en los ojos que ella ya no supo interpretar. Hacía tiempo que se había perdido esa conexión tan especial entre ambos que conseguía que supieran al instante qué pensaba o sentía el otro sólo con un pequeño ademán, con una particular manera de sentarse, con una mirada.

Se tumbó en su lugar favorito del parque y lanzó sus pensamientos hacia el cielo. Solía hablar con su vecino de las estrellas. No es tan fácil encontrar con quién hacerlo, pero con él era sencillo. Recordó el tiempo en el que fue sencillo conversar con él de cualquier cosa.



Se fijó en las ramas del árbol que tenía justo encima, llenas de flores nuevas. Un leve soplo de viento le trajo su aroma. Y supo qué tenía que hacer. Se levantó, se sacudió las briznas de hierba y la tierra de los pantalones y el pelo y, con una sonrisa en la cara, empezó a caminar.

sentada en el porche
tumbada en la hierba
ramas con flores

jueves, 4 de marzo de 2010

El Club de las Fotografías Literarias I

Podría hablar, por mera afinidad, de las flores rojas que están a punto de estallar en las ramas pardas del arbusto o de la solitaria flor azul que no consigue animar con su color la imagen donde habita. Pero no. Entiendo mucho mejor a la chica que cruza en bici el puente (dónde habré visto yo algo parecido...) en sentido opuesto al vuelo de los pájaros.


Lo mismo que me pasa a mí cuando, mientras miro y me muevo hacia adelante, mis pensamientos se vuelven de un color entre asombrado y nostálgico y vuelan hacia atrás, hacia un tiempo en el que también éramos tú y yo, hacia un tiempo en el que también nos escribíamos.












imagen 1 flores rojas que están a punto de estallar en el arbusto
imagen 2 solitaria flor azul que no anima con su color la imagen
imagen 3 chica en bici que cruza el puente y pájaros en sentido opuesto


 
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