He decidido vivir despreocupadamente. Soltar amarras de uno de los puertos más tristes que he tocado en mi vida y partir porque, además del gris de las nubes, puedo ver otros colores en el horizonte.
He decidido echar la siesta para no perderme un sueño, pasear en lugar de andar, andar en lugar de correr y, sobre todo, volar. También he decidido mudarme a un rincón más soleado de mi mente y dedicarme a observar a los pájaros que se vengan a vivir al interior de mi cabeza en cuanto les construya nidos en lo alto de los árboles. He decidido pisar los charcos en lugar de rodearlos, más que nada porque iré mirando hacia arriba mucho más a menudo. Y también he decidido que no me importa madrugar, ni engordar o adelgazar, ni ir andando... quizá nada esté realmente tan lejos.
He decidido leer menos la prensa y más los libros que me llamen desde la estantería. He decidido también beber algo más de cerveza, siempre en compañía, y no ser una mujer tan de provecho, o sí, si eso consiste en aprovechar los ratos con los buenos amigos.
Y a mi pequeña... he decidido explicarle que nada me pondría más contenta que su llegada, pero que tengo que ser capaz de concebir una vida plena sin su presencia porque ¡qué carga más pesada sería para ella mi propia felicidad!...
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