lunes, 22 de abril de 2013

Euler y la felicidad


No puedo mostrarte una ecuación -aunque las haya preciosas- que indique su paradero, pero sí que hay conclusiones que el paso de los años hace caer al suelo como frutas maduras, y no hay que ser Newton para entender que la felicidad no es un objetivo, sino una consecuencia.

Y es que -si alguna vez lo hiciste- en tus primeros años te planteaste que la felicidad como la gran meta (estudiaré, encontraré un buen trabajo, me casaré, tendré hijos y alcanzaré la felicidad). El gran plan. El estado final, la tierra prometida. Luego el tiempo pasa y las cosas salen como salen, algunas veces porque cambias de opinión y otras porque ocurre algo que trastoca el devenir de los acontecimientos, creando un camino alternativo en la historia de tu vida.

Pero mientras tanto, tu vida pasa. Y no deberías quejarte. Ni hacerte la víctima.
Ni responsabilizar a otros. Ni obligar a que otros carguen con tu infelicidad con el pretexto de que un día firmaron un papel.

No hay que cavar en busca de ningún tesoro. Toda esa riqueza está ahí, al alcance de la mente. Toda la línea del tiempo está engarzada con pequeñas -o no tanto- joyas que brillan más cuanto más se las mira. Un beso, una copa de vino blanco y una conversación, un paseo por una ciudad nueva, el primer Sol de la primavera, un libro, una ecuación perfecta, redonda, increíble, que contiene un universo.

Abre los ojos, porque si no, no puedo mostrarte una ecuación -aunque las haya preciosas-...


miércoles, 17 de abril de 2013

Armonía

Cello

Ahora que los dos sonamos en allegro -ma non troppo- y sin armadura, recuerdo cuando esta melodía se tocaba en otra orquesta.

Desafinada.

He aprendido que cada canción requiere sus instrumentos. Puede que las notas que recuerdo con desazón más bien como ruido de fondo in crescendo encuentren sus armónicos en otro escenario. En cualquier caso, jamás iría a comprar entradas para esa función, si es que llegara a estrenarse alguna vez.

En cambio, tú y yo ya sonamos como una sinfonía. Una no excesivamente grande. Una, por ejemplo, como esta.

Symphony #40 in G minor: Molto Allegro by Wolfgang Amadeus Mozart on Grooveshark

Sinfonía nº 40 en sol menor, Mozart (primer movimiento)

jueves, 28 de marzo de 2013

Penitencia

Penitencia by davidprieto

Esta es tu cruz,
la que tú has elegido:

¿Es que no es suficiente tu propio presente?








Penitencia, a photo by davidprieto on Flickr.

martes, 26 de marzo de 2013

Siempre

siempre se vuelve 
con los viejos amores
o con los nuevos






Mario Benedetti

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martes, 12 de marzo de 2013

Diálogos asíncronos

red head by c4lin
Me gustan tus sinapsis fortuitas, aunque no las escribas. Ese modo de hacer brillar la rutina. La rutina, que es lo que compartimos en realidad, aunque esté envuelta en esa forma especial que tenemos de estar tú y yo. Sí, tienes razón, es difícil de expresar.

Y pensamos "tiene que ser amor" encogiéndonos de hombros. Pero tampoco. Sí, claro que hay amor, pero no es el mismo que con otras personas. Este tiene algo distinto, algo más. La forma en que nos hace ser, estar, a cada uno de nosotros. El nulo sentido de la propiedad mutua que hace que nos busquemos el uno al otro, porque las promesas no tienen sentido. El saber que lo que perdimos hace tantos años era tan valioso. El saber que el hecho de que lo perdiéramos nos ha hecho conscientes del valor que tenía. Y que por eso más vale que lo perdimos, porque así lo que hemos encontrado es lo más parecido a un tesoro.

Yo también agradezco cada uno de los días que me despierto y te veo a mi lado. E incluso todavía dormido, si la acerco bajo las sábanas, cómo tu mano envuelve suavemente la mía.


red head, a photo by c4lin on Flickr.

viernes, 8 de marzo de 2013

Mujeres de armas tomar

"No hay quien detenga a una mujer -ni familia, ni marido, ni convenciones sociales- cuando decide liarse la manta a la cabeza; y como adversario, nada más corrosivo para nuestra fatua virilidad que el odio o el desprecio de una hembra inteligente."

Arturo Pérez-Reverte
El Semanal, 12 de junio de 1994

martes, 5 de marzo de 2013

La mujer de las nieves

He de reconocer que me has desconcertado. Llegaste con la excusa del anonimato cómplice como refugio y te quedaste a tomar café como si estuvieras en tu propia casa. Lo malo es que tener mala memoria puede que haga falta para ser feliz, pero es un molesto problema a la hora de mantener personalidades múltiples si uno no es esquizofrénico. Y eso que en el fondo te entiendo, porque mira que yo la tengo mala también. ¿Ves?, en eso somos igualitas.

El caso es que ahora que ya nos hemos visto las caras, me he quedado fría. Y seguro que -tú sí- captarás lo irónico de la situación, porque no es lo mismo quedarse fría que helada. No puedo reprocharte nada, porque yo me hago absolutamente responsable de mis actos, de con quién hablo y en quién confío. Lo único que quiero a estas alturas es que desaparezcas de mi vida de la misma forma que entraste. Con elegancia. Sin acritud. Eso sí, solo deja que me atreva a darte un último consejo de camarada: si de verdad pasaste tanto frío -entiéndeme, la duda lo ha empapado todo- es mejor que no te deshagas aún de la ropa de abrigo.


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martes, 26 de febrero de 2013

El mundo se divide en dos






Y la frontera está
en el borde
de nuestra cama.

jueves, 14 de febrero de 2013

Ángeles Mastretta

Su marido era un hombre común y corriente, con sus imprescindibles ataques de mal humor, con su necesario desprecio por la comida del día, con su ingrata certidumbre de que la mejor hora para querer era la que a él se le antojaba, con sus euforias matutinas y sus ausencias nocturnas, con su perfecto discurso y su prudentísima distancia sobre lo que son y deben ser los hijos. Un marido como cualquiera. Por eso parecía inaudita la condición de perpetua enamorada que se desprendía de los ojos y la sonrisa de la tía Valeria. 

-¿Cómo le haces? -le preguntó un día su prima Gertrudis, famosa porque cada semana cambiaba de actividad dejando en todas la misma pasión desenfrenada que los grandes hombres gastan en una sola tarea. Gertrudis podía tejer cinco suéteres en tres días, emprenderla a caballo durante horas, hacer pasteles para todas las kermeses de caridad, tomar clase de pintura, bailar flamenco, cantar ranchero, darles de comer a setenta invitados por domingo y enamorarse con toda obviedad de tres señores ajenos cada lunes. 


-¿Cómo le hago para qué?- preguntó la apacible tía Valeria. 
-Para no aburrirte nunca- dijo la prima Gertrudis, mientras ensartaba la aguja y emprendía el bordado de uno de los trescientos manteles de punto de cruz que les heredó a sus hijas-. A veces creo que tienes un amante secreto lleno de audacias. 



Imagen: margaritas contentas en mi jardín.

jueves, 7 de febrero de 2013

Como siempre, como viene siendo habitual.


Tengo deudas de amor contraídas con algunas canciones, con ciertas palabras dichas en el lugar oportuno, con poemas que llegaron en el momento adecuado y que tiemblan de fiebre en la memoria...

Son palabras que me besan y me mecen, que como pequeñas brujas adivinan mi estado de ánimo y me resuenan por dentro, cobrando todo su sentido,  oculto a los ojos inexpertos, como un jeroglífico del que solo yo tuviera la piedra rosetta.



Son tan perfectas las palabras, tan perfecto el momento, tan perfecta la magia, que me da miedo hablar, contestar, respirar,
moverme,
porque cualquier movimiento podría hacer desaparecer este momento, como una pompa de jabón, tan frágil...
El tiempo se ha parado, se ha solidificado, no admite siquiera la posibilidad del movimiento, cualquier signo de actividad de mi cuerpo ha desaparecido
excepto mi corazón, que late desbocado
porque el universo ha estallado en mi interior.
Así me has tocado con tus palabras...


imagen; Kincaid Park at sunset.



 
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