miércoles, 2 de marzo de 2011

Banderas blancas

No sé de qué forma quererte, tal vez de esa forma que se va adaptando a mis carencias volviéndome egoísta, tal vez de la forma en que nada busco o tal vez de la forma sin forma que ni siquiera puedo aclarar. Recuerdo la música que un día te regalé sabiendo que nunca dejarías de escucharla. Esos discos de vinilos que dan vueltas al pasado remarcando imperfecciones. De eso se trata. De vos y de mí. De los errores que cometimos y nunca reparamos. De la vida que nos conecta sin terminar de ensamblarnos. Me pregunto si todas las historias tienen salida al mar. 
María Eugenia en saltar del tren


No hice bien en callarme, ni tú en estar cómodo. Y aunque parezca que las cosas han cambiado, sé que seguiré perdiendo cada batalla frente a mi frustración por cada batalla que sigas perdiendo tú frente a tu miedo... pero ahora no me queda otro remedio que ondear mi bandera blanca a pesar de sentir el corazón agotado, gris, manchado de ceniza.

No te calles -me dijiste- pero mientras oigo cómo respiras tranquilo en tu lado de la cama no puedo evitar pensar que saldrás corriendo a la velocidad de la luz cuando mis palabras te reboten la imagen que veo de ti. ¿Es un espejo lo que necesitas, lo que quieres? Porque sabes que en esto no puedo hacerte los coros, pero te confieso que no adivino el lugar que guardas para mí en la parte de tu vida en la que no estoy. Quizá yo sea una ingenua... pero entiéndeme, ya no tengo tus palabras para encontrarlo en tu cabeza y tu corazón.

Y sé que no debería esperar, pero lo seguiré haciendo, porque no cambiamos de la noche a la mañana. Y aunque te duela, seguiré teniendo miedo de tu miedo hasta que al fin consigas ganar tu batalla.

4 comentarios:

  1. Me vas a perdonar, pero últimamente no soy de poner paños calientes. Al menos en este ejercicio de escritura de un blog en el que me he lanzado, bastante toca de normal en la vida.
    Así que te lo diré sin preámbulos: díficil batallar contra el miedo del otro. Es como un muro de hormigón al que su propietario tendrá que abrir una puerta. Ojalá lo consigas en la que, creo intuir (no llevo mucho tiempo leyéndote) que es tu apuesta tras dejar a alguien detrás

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  2. Querida Orquídea,
    Suerte en eso de luchar contra los miedos, nuestros miedos a los miedos de otros, o nuestros propios miedos...
    No deberían existir los miedos, nos anulan, nos vuelven más pequeños...
    Sigue luchando siempre, contra aquello que creas que debes de luchar, sabiendo que lo consigas o no, eres grande por dentro, que tus raíces, tus tallos, y tus flores, nunca se marchitarán de debilidad...
    Al fin y al cabo el que lucha es fuerte, y aunque no se gane la partida, como digo en el final de uno de mis relatos "LUCHAR ES GANAR, SOÑAR YA ES VENCER...".
    No dejes nunca de luchar, no dejes nunca de soñar que puedes vencer!!!

    Un abrazo cargado de fuerza norteña!!

    Rebeca.

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  3. Has intuido bien, Marieta. Y tienes toda la razón, el miedo es eso, un muro. Lo sé bien porque yo una vez construí el mío propio.

    Pero mi querido náufrago es inteligente y sensible. Por eso sé que puedo contar con él, aunque a veces me lo tenga que recordar a mí misma dándome de cabezazos contra ese muro...

    Un abrazo y gracias por tus palabras.

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  4. ¡Qué energía transmiten tus palabras, querida Rebeca! Es verdad, la lucha nos hace más fuertes a todos. A él también. Sé que saldremos reforzados, le conozco, igual que él me conoce a mí.

    Gracias y un abrazo fuerte.

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